¿No eres tú, mariposa,

el alma de estas sierras solitarias,

de sus barrancos hondos,

de sus cumbres agrias?

Antonio Machado

***

Me asusta la ciudad, ese gigante

atravesado por puñaladas lineales,

grises e idénticas, que no sangra.

A mí, que vengo de tierras donde

las piedras aún no han sido

profanadas,

me asusta la ciudad.

Con sus edificios rotulados,

con su gentes anónimas

y ese penetrante olor a orfandad,

la cuidad me asusta, me devora.

Un grupo de turistas saca

fotografías a un monumento,

más arriba un mendigo

extiende su mano a la indiferencia

para poder atraparla.

La historia de los derrotados no está

hecha para ser plasmada.

Hay que capturar la historia de las piedras

apiladas, de las palomas que no vuelan.

Hay tanta belleza en las manos de los arquitectos

y tan poca en una mano solitaria…

Cómo se va a encontrar belleza

en la mano de un mendigo,

en su pena, en el hambre

que le retuerce las tripas?

Nadie se para a escuchar el concierto de su estómago.

Nadie aplaude a la gracia de la rama de olivo verdecida

que sostiene aún viva,

su mirada.

Rapme

***

No fue por una trágica amargura

esta alma errante desgajada y rota;

purga un pecado ajeno: la cordura,

la terrible cordura del idiota.

A. Machado